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Persona

Aisar Jalil Martínez

Artista plástico. Escultor y pintor

AISAR JALIL: CIELO JAMÁS DESPEJADO
Nelson Herrera Ysla

Las imágenes de Aisar Jalil han abandonado temporalmente la tierra: durante mucho tiempo se movían entre nosotros buscándonos para decirnos algo al oído o abiertamente en medio de paisajes idílicos, ensoñaciones, delirios, que imaginábamos familiares y cercanos tal cual motiva la verdadera creación, donde nadie ni nada es ajeno. Esas imágenes, esos personajes entresacados de la realidad, genios y figuras comunes, simbolizan los pecados capitales, nuestras virtudes y defectos, el vértigo de la vida, los paraísos y los infiernos que habitamos día a día, un tanto a la manera medieval, renacentista –El Bosco y Brueghel asomando sus orejas-- cuando la pintura era el medio artístico y cultural por excelencia para compulsar al hombre a meditar, sentir, a sembrar en él la duda, aún cuando la Iglesia y los grandes poderes ideológicos desearan lo contrario.
Su pintura, realizada en períodos sucesivos de franca coherencia simbólica y sígnica, es atenta al gigantesco río de la vida que arrastra consigo a millones de hombres y mujeres y junto a ellos las permanentes estructuras de poder que sirven para administrarnos, reprimirnos, controlarnos. Lo hace gracias a un dibujo preciso, suelto, libre, elegante, heredero de esa maestría de la visualidad cubana que tiene en José Luis Posada, Luis Martínez Pedro, Mariano Rodríguez, René Portocarrero y Servando Cabrera Moreno, algunos de sus grandes ejemplos y quienes en su momento construyeron, con excepciones y modulaciones posibles, sin embargo, una obra pictórica resuelta, fuerte, digna de la mejor tradición nacional y latinoamericana de raíz europea, como siempre ha sido en la mayoría de nuestras expresiones culturales.
Por eso la obra Aisar Jalil es esencialmente cubana en su representación simbólica, en su apropiación del legado artístico histórico, en su forma y contenido, y más si atendemos cuidadosamente el delicado humor que sustenta la copiosa y exuberante armazón de sus ideas en el espacio pictórico que el lienzo o el papel le ofrece. Humor no sólo, quiero aclarar, sino también ironía: piedras angulares de excelentes discursos y operatorias artísticas que nos llegan desde los inicios del siglo xx y que tuvo en Rafael Blanco y Eduardo Abela sus más claros y extraordinarios predecesores.
De su más reciente serie “Hasta parece que sueñan…”, conformada por pinturas de mediano y gran formato entre los años 2007 y 2008, se desprende probablemente su mayor y más compleja obra creada hasta hoy: “El ciclón estacionario”, 2009, especie de summa pictórica y síntesis de una poética personal alcanzada con paciencia, oficio impar y rigor a lo largo de más de 20 años. Este “Ciclón….”, de 3 metros del largo por 2 de ancho, se disfruta al amparo del vértigo, la confusión y la locura. Sobre un basamento abstracto, identificable por un fondo de manchas y trazos irregulares en diversas direcciones y espesor, el pintor teje una inmensa estructura de líneas, rayas, transparencias, texturas, de filiación informalista y gestual, que nos sugiere un colosal incendio ocurrido en algún lugar de este planeta a partir, quién lo puede precisar, de una impresionante explosión.
Desde “El guardador del rebaño” y tal vez un poco atrás en “La historia de un caballo”, ambas exposiciones realizadas en el 2007, Aisar Jalil nos muestra en esta nueva exposición, y sin sonrojo alguno, la utilidad de la máscara que nos han obligado a usar en un momento dado muy a nuestro pesar aunque no muchos se sientan orgullosos de ello. Su poética nace de confluencias sutiles desde lo profundo de su corazón y de principios éticos enraizados en una visión de la cultura y del arte como espacios de libertad del ser humano. Su contribución a la época que le ha tocado vivir consiste en hacer visible el grado de representación a que estamos sometidos y en concientizar, desde la línea, el color y las formas, todo aquello que obstaculiza el camino hacia la felicidad al advertirnos acerca de las buenas intenciones que pueblan cualquier camino al Infierno.

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